sábado, 9 de junio de 2012
No aparecés. Y mirá que no paro de llamarte con cad auno de mis sentidos. En la vigilia y en el sueño. Derrumbo las paredes que protegen la pieza del territorio, y todo se vuelve uno esperando tu aparición, mítica y atroz, para que el mundo entero recupere esa ausencia de cordura, aquel estado de equilibrio desmedido, en donde cada cosa se sucedía riéndose de sí misma, el tiempo se desdoblaba, se desdibujaban los contornos, y cada sonido (cada color, cada sabor, cada sensación) estaba potenciado al infinito mismo.
Como una tonta,
ando esperando una señal.
Una llamada, un mensaje,
una canción, un dibujo,
un poema;
cualquier cosa que me diga qué hacer
con todo el tiempo y el dolor
que se agolpan en la garganta,
en las manos y
(sobre todo)
en los ojos.
Alguna cosa que me saque
de mi espiralado delirio,
y que me muestre que en el centro
hay algo.
Sea o no sea que
ése incómodo centro
seas otra vez vos.
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